En los últimos años, Ladakh, una región transhimalaya en el norte de India, ubicada entre el Tíbet y Cachemira, ha aparecido con frecuencia en los titulares nacionales e internacionales. Los ladakhíes han sido durante mucho tiempo firmes en sus demandas de autonomía utilizando disposiciones relevantes de la Constitución de India, con plenos derechos democráticos. Esto se debe a la singularidad socioecológica de Ladakh. El 97% de los ladakhíes son reconocidos como “tribus registradas” (Scheduled Tribes, equivalente a pueblos indígenas, aunque este término no es aceptado por el Gobierno de India), quienes han luchado durante décadas contra la imposición de otras lenguas, culturas y decisiones de desarrollo tomadas sobre ellos y sus territorios, sin el derecho a participar ni a estar plenamente representados en los procesos de toma de decisiones. 3)
Las decisiones de desarrollo tomadas externamente han sido perjudiciales para el complejo tejido socioecológico de Ladakh. No solo han provocado la pérdida de saberes locales e indígenas sobre cómo vivir de manera sostenible en un paisaje desafiante, sino que el reciente y descontrolado flujo de turistas a Ladakh ha traído consigo múltiples problemas, incluidos el estrés hídrico, la acumulación de basura, la construcción de carreteras y el aumento del tráfico vehicular. Con esto en mente, los ladakhíes demandan, en el marco constitucional de India, la implementación de la Sexta Disposición (Sixth Schedule). Este marco otorga facultades de gobernanza, derechos de uso de la tierra y protecciones culturales a regiones indígenas en India. Además, Ladakh busca el reconocimiento pleno como estado, con su propia legislatura electa y la realización de una democracia completa. Estas medidas permitirían a los ladakhíes cuidar de su tierra, agua y aire, anclando el desarrollo en prioridades locales en lugar de en agendas extractivas externas.
¿Pero qué tiene que ver la transición energética con todo esto? La demanda de autonomía de Ladakh se cruza con múltiples anuncios del gobierno central respecto a convertir a Ladakh en una región “climáticamente neutral”. A un nivel, esto ignora el hecho de que Ladakh probablemente siempre ha sido “climáticamente negativo”, en el sentido de que las emisiones derivadas de sus medios de vida y estilos de vida locales probablemente nunca han superado la capacidad de absorción de carbono de su vasto territorio. Más importante aún, este anuncio implica, entre otras cosas, abrir la región a proyectos solares, eólicos y geotérmicos a gran escala, así como a la exploración de minerales críticos. Esto incluye también la construcción de una infraestructura de evacuación de 900 km de longitud que transmitirá la mayor parte de esta energía a los centros de alto consumo en India.
Si bien los ladakhíes apoyan la transición hacia energías renovables y, de hecho, han sido pioneros en la implementación y gestión democrática de varios sistemas solares desconectados de la red (off-grid), esta imposición vertical de megaproyectos a costa de necesidades locales—como la obstrucción de tierras para las comunidades pastoriles—ha generado preocupación. La autonomía permitiría que representantes electos localmente participen activamente en orientar estas decisiones sobre infraestructuras de energía renovable, y la Sexta Disposición protegería las necesidades y demandas tanto de los pastores locales como de la ecología del lugar.
En este artículo, discutimos cómo dos visiones diametralmente opuestas de la transición energética están chocando en Ladakh. De un lado, se encuentra un movimiento de base que defiende una energía de bajo impacto, generada localmente y vinculada al cuidado ecológico, ejercida dentro del marco de la autonomía constitucional. Del otro lado, está una estrategia respaldada por el gobierno central que busca desbloquear los recursos de Ladakh—granjas solares, geotermia y minería de minerales críticos—para abastecer necesidades energéticas distantes. Argumentamos que este choque es mucho más que tecnológico; es una disputa fundamental sobre autonomía, gobernanza, justicia y sobre qué tipo de futuro quiere Ladakh.
Los ladakhíes han practicado desde hace mucho tiempo una gestión energética “pluriversal”. Esto incluye, en los sectores tradicionales, el uso sabio de la radiación solar para la agricultura, en la vivienda/arquitectura y en otros ámbitos. En los sectores modernos, esto se basa en tecnologías de bajo impacto adaptadas localmente, como calefacción solar pasiva, instalaciones solares a pequeña escala, invernaderos solares y bombas solares. Estos sistemas aprovechan la generosidad del sol siendo al mismo tiempo sensibles ecológicamente y socialmente responsables. Ejemplifican un modelo de transición energética que es descentralizado, democráticamente gobernado y atento al cuidado ambiental.
Estas iniciativas de base trascienden las simples soluciones técnicas: están incrustadas en una cosmovisión donde la tierra, el agua, la luz solar y el clima están entretejidos con identidades culturales y equilibrios socioecológicos. Denominada “pluriverso”, esta perspectiva sostiene ontologías y prácticas diversas, en contraste con los esquemas tecnocráticos universalizantes y de talla única.
En contraste, el gobierno central de India está promoviendo proyectos de energía “renovable” a gran escala—vastos parques solares, instalaciones geotérmicas, desarrollo de hidrógeno verde y extracción de minerales críticos. El presupuesto nacional de 2023 asignó 8.300 crore de rupias (aproximadamente 994,17 millones de USD) para un proyecto solar y eólico de 13 GW en Ladakh. Diseñado para transmitir energía fuera de la región a través de una línea de transmisión intraestatal de 900 km de longitud, la iniciativa ha sido elogiada en todo el país como símbolo de la dedicación de India a la transición energética. Sin embargo, defensores ambientales y de los derechos de subsistencia—dentro y fuera de Ladakh—han planteado serias preocupaciones sobre la ubicación del proyecto en la zona ecológicamente sensible de Changthang. Se espera que la planta solar propuesta invada tierras de pastoreo tradicionales, altere hábitats de vida silvestre y ejerza presión adicional sobre las fuentes locales de agua. A esto se suma la falta de consulta con las comunidades afectadas y sus representantes electos, lo que ha provocado protestas y una resistencia creciente. El desarrollo de mega-parques solares como el planeado en Pang contrasta radicalmente con el enfoque histórico de Ladakh, centrado en la comunidad y en sistemas solares a pequeña escala. La limitada autonomía constitucional de la región, la ausencia de protecciones ambientales y la falta de estatus estatal restringen aún más la resistencia local a estas intervenciones a gran escala.
Los enormes parques de energía renovable, como el planeado en Changthang, están diseñados para alimentar el consumo energético mucho más allá de las fronteras de Ladakh, hacia los centros urbanos en auge de India. Aunque se publicitan bajo el estandarte de la neutralidad de carbono, este modelo tecno-céntrico a menudo margina las voces locales, concibe a Ladakh como periferia de recursos y sitúa a la región como una “zona de sacrificio”. Esto constituye una forma de colonialismo verde: extraer capital ambiental de paisajes vulnerables bajo la bandera de lo verde, oscureciendo las consecuencias socioecológicas locales. Sin consentimiento ni control local, tales iniciativas pueden alterar tierras de pastoreo, hábitats de fauna, sistemas de agua y formas de vida concebidas en coexistencia con los ecosistemas complejos de Ladakh.
En el núcleo de esta dicotomía yace la pregunta: ¿quién decide? Actualmente designado como Territorio de la Unión (estatus adquirido en 2019, cuando el gobierno indio eliminó el estatus constitucional especial del estado de Jammu y Cachemira, dentro del cual Ladakh era un distrito), Ladakh está bajo la autoridad directa del gobierno central—una estructura que limita severamente la gobernanza y participación democrática local. Sin embargo, las demandas por una democracia genuina, centrada en la reforma constitucional y política, son cada vez más fuertes.
Las vías propuestas hacia la autonomía incluyen incorporar a Ladakh bajo la Sexta Disposición (Sixth Schedule), un marco que otorga facultades de gobernanza, derechos de uso de la tierra y protecciones culturales a regiones tribales del noreste de India. Otra demanda busca el estatus de estado completo, con su propia legislatura electa. Estas medidas permitirían a los ladakhíes gestionar sus tierras, definir direcciones energéticas y preservar su patrimonio—anclando el desarrollo (o más bien, el bienestar) en prioridades locales en lugar de agendas externas.
Desde inicios de 2023, Ladakh ha presenciado olas de protestas lideradas por organizaciones de base como el Leh Apex Body y la Kargil Democratic Alliance, junto con voces como la del educador local y activista climático Sonam Wangchuk. Estos movimientos sostienen que la autonomía es esencial para resistir proyectos extractivos impuestos desde arriba y para proteger los sistemas energéticos preexistentes, funcionales y de bajo impacto. Estos actos de resistencia no son solo oposición, sino una defensa de un paisaje ecológico y cultural vivo—un paisaje amenazado por intervenciones externas y jerárquicas.
En Ladakh, estructuras diseñadas por la comunidad como las casas solares de tierra—que emplean enterramiento parcial y masa térmica—regulan las temperaturas interiores de manera natural. Mientras tanto, los invernaderos solares han extendido la temporada de cultivo de verduras y hortalizas de hoja, un salvavidas esencial para la seguridad alimentaria durante los duros inviernos. Estos sistemas están enraizados en la agencia local: construidos, poseídos y mantenidos por comunidades e instituciones pequeñas. La toma de decisiones no se delega a corporaciones o gobiernos distantes, sino que surge de la solidaridad, el conocimiento indígena y las visiones compartidas de vivir de manera ligera y justa sobre la tierra. En conjunto, representan no solo innovación renovable, sino una alternativa de “eco-swaraj” o democracia ecológica radical, donde la energía es inseparable del lugar, la ecología y la ética comunitaria.
Sostenemos que sin autonomía constitucional, la integridad socioecológica de Ladakh está en riesgo. La autonomía empodera a las comunidades para decidir qué tecnologías son aceptables, qué ecosistemas proteger y qué formas de energía son apropiadas. Rompe con la narrativa de Ladakh como zona de suministro pasivo para demandas energéticas remotas. Además, la autonomía fomenta un imaginario pluriversal—un terreno político donde se reconocen, protegen y celebran trayectorias diversas. Combate las presiones homogeneizadoras de sistemas centralizados y orientados al lucro—resonando con los llamados a un mundo más allá de los modelos extractivistas.
Es importante reconocer que entre los ladakhíes, las visiones de prosperidad no son monolíticas. La comunidad enfrenta un diálogo interno: entre el progreso material y la restricción ecológica, entre aspiraciones alimentadas por las comodidades modernas y el deseo de preservar la integridad cultural. No se trata simplemente de un desafío técnico—es una encrucijada filosófica y ética: ¿qué formas de prosperidad deben guiar a esta sociedad de desierto frío de gran altitud hacia el futuro? Sugerimos que navegar estas preguntas requiere democracia local—espacios abiertos para el debate, la reflexión compartida y la toma de decisiones colectivas bajo autonomía—como una condición necesaria, aunque no suficiente.
La historia de Ladakh resuena con un patrón global: la tensión entre proyectos centralizados de “energía renovable” y la justicia ecológica. A lo largo de los Andes, África, el Sudeste Asiático, emergen escenarios similares: mega-parques solares, minas de baterías, turbinas eólicas abarrotando territorios donde pueblos indígenas y otras comunidades locales han practicado históricamente formas de vida sostenibles. El modelo pluriversal de Ladakh nos inspira a preguntar: a) ¿Qué pasaría si los sistemas energéticos fueran locales, gestionados por la comunidad, culturalmente enraizados, es decir, una visión de soberanía energética? y b) ¿Cómo podrían la autonomía y la democracia configurar paisajes energéticos verdaderamente justos en todo el mundo?
La lucha por la autonomía y por futuros energéticos pluriversales en Ladakh es a la vez una advertencia y una fuente de esperanza radical. Nos llama a reimaginar las transiciones energéticas—no solo como cambios en la infraestructura, sino como transformaciones en la gobernanza y en las cosmovisiones sobre la energía. Sin embargo, Ladakh se encuentra en una encrucijada: ¿será subsumido en redes distantes y sistemas orientados al lucro, o reafirmará su autonomía y sabiduría ecológica? Lo que está en juego va mucho más allá de sus fronteras regionales. En esos valles bañados por el sol viven experimentos de autogobierno, equilibrio ecológico y prácticas energéticas profundamente democráticas. Estos modelos no rechazan la tecnología—pero insisten en que la tecnología debe estar enraizada en el lugar, en la ética y en la comunidad.
Si India—y el mundo—observan de cerca, Ladakh puede iluminar un camino para la acción climática que no solo sea limpia, sino también justa y plural. Cuando la autonomía se encuentra con la ecología, emerge un pluriverso de posibilidades—no impuesto, sino elegido; no basado en la extracción, sino en el florecimiento socioecológico.